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El primer beso, en una vereda de Pocitos
El primer beso me lo dio un chico que se llamaba Pablo, en una vereda de Pocitos, después de un cumpleaños. Yo tendría dieciséis. El cumpleaños era de una compañera del liceo que ya no recuerdo cuál era, la memoria elige, y eligió otra cosa.
Pablo era un año más grande, iba al Vázquez Acevedo, tenía la chaqueta de cuero de su padre. Lo recuerdo por la chaqueta, no por la cara. La cara se me borró, lo que es injusto, pero la chaqueta no, olía a cigarro, a un tabaco específico que también fumaba mi padre. Cuando me besó, lo primero que pensé no fue "qué emoción" ni "qué romántico"; pensé en mi padre. No me pareció una asociación graciosa en ese momento. Me pareció una asociación grave, casi obscena, y me alejé de Pablo más rápido de lo que la situación pedía.
Pablo no entendió. Probablemente pensó que yo era una chica que no quería ser besada, lo que no era exactamente cierto. Le dije que tenía que volver a casa, que mi padre me esperaba, lo cual era falso porque a mi padre no le importaba a qué hora llegaba, y caminé las seis cuadras hasta la parada del ómnibus sola, con la chaqueta de Pablo en el cuerpo donde la había sentido, y un olor a cigarro que no era ni mío ni de Pablo ni de mi padre, sino de los tres a la vez.
Nunca volví a salir con Pablo. Una vez lo vi de lejos en el shopping, ya pasados los cuarenta los dos, y me hizo gracia darme cuenta de que no me importaba. Pero la lección, si hay una lección, es esta: los sentidos no respetan ocasiones. Te plantan una memoria del padre adentro de un beso de adolescencia y te toca a vos hacer algo con eso, no a ellos. Y si te apurás a juzgarlos, te perdés el beso.
Aprendizaje
Los sentidos no respetan ocasiones. Si te apurás a juzgarlos, te perdés el momento.
Conversación con IA
¿Querés contarme de algún momento de adolescencia que se te haya quedado fuerte?
Hay uno raro. Mi primer beso. Tendría dieciséis. Pero lo que se me quedó no es el beso, es lo que pensé en ese momento.
Si querés contarlo, te escucho. Si no, podemos pasar a otra cosa.
No, está bien contarlo. La chaqueta del chico olía al cigarro que fumaba mi padre. Cuando me besó pensé en mi padre. Me alejé del chico más rápido de lo que correspondía.
Es una asociación que aparece sin permiso. ¿Cuándo entendiste qué había pasado?
Mucho después. Que los sentidos no respetan ocasiones. Y si te apurás a juzgarlos, te perdés la cosa.
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