Demo · datos ficticios · imágenes generadas por IA

Volver
personalSolo vos

Primer día en la escuela del Cerro

La escuela quedaba en una calle empinada del Cerro, dos cuadras de Carlos María Ramírez, y para llegar tenía que tomar dos ómnibus. El día anterior había planchado el guardapolvo blanco con tanto almidón que cuando me lo puse en la mañana parecía cartón. Tenía veintitrés años y los zapatos sin estrenar, los nuevos para empezar a trabajar, decía mi madre, "que se vea que es serio". Salieron una hora antes de que me convenía y todavía llegué con tiempo. Diego, el director, me esperaba en la puerta con un mate. Me lo ofreció. Yo no tomaba mate a las siete y media de la mañana, pero entendí que negarse era la peor primera impresión posible, así que tomé un sorbo. Estaba amargo. "Es así acá", me dijo Diego, y me dio una palmada corta en el hombro y me llevó al aula. Los chicos de tercero entraron en manada. Veintiocho. Algunos venían de la mano de las madres, otros venían solos como si ya fueran adultos en miniatura. Me miraron a la vez como un cuerpo único, un animal de muchas cabezas que decidía si yo le caía bien o no. Me tembló la voz cuando dije "buenos días" y a uno se le escapó una risa. La risa contagió a otro. A un tercero ya no. No me acuerdo de la primera lección que di. Me acuerdo de la cara de un chico de la última fila que tenía los ojos muy abiertos como si yo le estuviera contando algo importante. Después supe que era miope y no veía el pizarrón, pero ese día me hizo bien, yo creía que estaba diciendo cosas que valían la pena, y él me lo confirmaba. Cuando sonó el timbre del recreo me senté en la silla y respiré hondo. Diego asomó la cabeza por la puerta. "¿Cómo te fue?", me preguntó. Yo le dije la verdad: "No tengo idea." Se rio y me dijo "ahora venite a tomar otro mate".

Gente

Comentarios

  • SM

    Sofía Méndez · Hija

    Ese mate amargo que te dio Diego es la versión maestra del té de bienvenida. Te marcaron a fuego desde el día uno.