Demo · datos ficticios · imágenes generadas por IA

Volver
personalSolo vos

El equinoccio en Pocitos

El veintidós de septiembre del veinticinco, primer día de primavera, Carmen y yo caminamos la rambla de Pocitos a las cinco de la tarde. Lo hicimos por costumbre. La costumbre se inventó hace doce años, después de la muerte del marido de Carmen, cuando ella necesitó algo que no fuera quedarse en su casa los lunes a la tarde y yo le ofrecí caminar. Lo seguimos haciendo cuatro veces por año, en cada equinoccio y solsticio, sin haber decidido que era una tradición. Solo lo seguimos haciendo. El día estaba fresco, una primavera todavía con olor a invierno. Carmen llevaba el saco de lana azul que se compró el año pasado y un termo de café, Carmen no toma mate los lunes, dice que el mate es para los viernes con amigas, y los lunes son para café. Yo iba con campera ligera y los anteojos oscuros. Caminamos desde el monumento a los Pocitos hasta el final de la playa, después dimos la vuelta. Una hora y media, poco más. Hablamos poco. Eso es lo que tiene Carmen, puede caminar una hora con vos sin sentir necesidad de llenar el silencio. Habla cuando hay algo que decir. Cuando no hay, mira el río. La gente joven no entiende que esa es la forma más alta de amistad: estar callado al lado de alguien sin ponerse incómodo. Lo único que me dijo, en la mitad del camino, mirando hacia el río, fue: "treinta y siete años desde el liceo". Yo le contesté "treinta y ocho, si contás el primer día". Carmen se rio. "Treinta y ocho", repitió. Después seguimos caminando. Cuando volvimos al banco donde habíamos empezado, Carmen sacó del bolsillo del saco una bolsita de papel con dos alfajores. Los habíamos comprado hacía diez minutos en el almacén de la esquina. Nos sentamos a comerlos. "Te imaginás otra vida?", me preguntó. "No", le dije. "Yo tampoco", me dijo. Esa fue toda la conversación seria del equinoccio. Volvimos cada una a su casa. Andrés estaba escuchando un partido por radio y me preguntó "qué tal la rambla". "Fría", le dije. "Linda", agregué. Eso fue todo. Hay tardes que no necesitan más.

Gente

Comentarios

Nadie comentó esta anécdota todavía.