
Diego
Diego Sosa
Director de la escuela del Cerro durante los treinta y cuatro años que yo trabajé ahí. Me recibió el primer día con un mate amargo. Cierra todas las reuniones con la frase "y bueno". Cuando me jubilé, cerró mi despedida con la misma frase, lo que me pareció, y todavía me parece, el regalo más exacto que podía haberme hecho.
- anécdota
Despedida de la escuela
El último día de marzo del veinticuatro me hicieron una despedida. No la había pedido, al contrario, le había dicho a Diego que prefería irme sin ceremonia, "como si fuera un viernes cualquiera". No me hizo caso. Diego nunca me había hecho caso en nada, así que esto no fue novedad.
hace 2 semanas
- anécdota
Última reunión de coordinación
La última reunión de coordinación que me tocó fue en marzo del veinticuatro. Yo ya tenía la jubilación tramitada, la había pedido en diciembre y me la habían aprobado a principios de febrero, pero como las clases empezaban en marzo y yo iba a hacer un mes de transición, me sumé a la reunión inaugural igual.
hace 3 semanas
- anécdota
Primer día en la escuela del Cerro
La escuela quedaba en una calle empinada del Cerro, dos cuadras de Carlos María Ramírez, y para llegar tenía que tomar dos ómnibus. El día anterior había planchado el guardapolvo blanco con tanto almidón que cuando me lo puse en la mañana parecía cartón. Tenía veintitrés años y los zapatos sin estrenar, los nuevos para empezar a trabajar, decía mi madre, "que se vea que es serio". Salieron una hora antes de que me convenía y todavía llegué con tiempo.
hace 4 meses
- anécdota
El día que entendí cómo enseñar
Mi primer año en la escuela del Cerro fue malo. Lo digo así porque fue así. Tenía un grupo de tercero con veintiocho chicos, la mayoría de la zona, y yo tenía veintitrés años recién recibida del IPA, con todas las teorías frescas y ninguna calle bajo los pies. Las primeras semanas pensé que me había equivocado de profesión.
hace 5 meses