familiarSolo vos
Martín nació un domingo
Martín nació un domingo de octubre del noventa y cinco a las cuatro y media de la mañana. Nos despertamos con las contracciones a la una. Andrés se vistió primero, después me ayudó a vestirme a mí. Había llovido toda la noche y la calle estaba mojada cuando salimos. Manejó él. No tenía sentido que manejara yo, claro, pero me acuerdo que en algún momento del trayecto pensé "qué bueno que él sepa manejar bien" y me dio risa pensar en eso justo en ese momento.
En el sanatorio Andrés hizo lo que se hacía entonces: se sentó en una sala con una revista vieja del Caras y Caretas. "Los hombres molestan ahí adentro", le había dicho la partera, y él le creyó. Yo lo miraba de a ratos por una puerta entreabierta, me parecía absurdo que estuviera tan lejos para algo tan cerca. Pero esa era la época y nadie discutía esas cosas.
Martín lloró antes de salir. Tuve esa sensación rarísima de ya conocerlo de oído. Cuando me lo pusieron arriba, mojado, las manos chiquitas se le abrieron y se cerraron como si estuviera ensayando algo. La partera me dijo "es un varón hermoso" y yo no podía hablar todavía. Asentí.
Andrés entró cinco minutos después. Le tembló la mano cuando lo agarró. Le tembló como nunca le había visto temblar. Lo apoyó contra el pecho y se puso a llorar, lloraba sin sonido, así como lloraba mi padre, y a mí me dio una ternura que me cambió algo adentro para siempre. Yo siempre había pensado en Andrés como un hombre práctico, paciente, calmo. Esa noche aprendí que también era ese otro.
Le pusimos Martín por mi suegro, que había muerto el año anterior. Andrés me había preguntado si me molestaba. Yo le dije que no me molestaba, lo cual era cierto pero también era poco, me parecía bien, me parecía justo, me parecía lo que correspondía. Treinta años después Martín vive en Madrid y trabaja en cosas que su abuelo no entendería, pero el nombre sigue siendo el de mi suegro y eso me sigue gustando.
Gente
Comentarios
- MM
Martín Méndez · Hijo
Yo no me acuerdo de nada de esto, pero papá me contó la mano temblando. Es la única vez que me dijo que se emocionó así. Gracias por escribirla.