Demo · datos ficticios · imágenes generadas por IA

Volver

azul-luna-42

Para Joaquín, cuando seas grande

Algunas cosas mías que no sabés todavía. Las dejo acá para cuando puedas leerlas.

  1. Las galletas de los sábados

    Mi madre Elena hacía galletas todos los sábados a la mañana. Galletas de campo, de las que se hinchan en el horno y dejan ese olor a manteca tibia que se queda en la cocina hasta el lunes. Yo tendría seis o siete años y mi tarea era cortar la masa con un vaso al revés. El vaso era de vidrio grueso, de los que en esa época se usaban para tomar vermut, y dejaba un círculo perfecto en la masa. Mi madre se reía cuando yo apretaba demasiado y la masa se salía por los costados.

  2. El silencio de mi padre

    Mi padre Antonio era un hombre de pocas palabras. Trabajaba de contador en el molino de Tacuarembó y volvía a casa cada tarde a las siete con el diario bajo el brazo. Se sentaba en el sillón de cuero del living, abría el diario, y leía. No es que no nos hablara: nos hablaba cuando hacía falta, lo justo. Cuando algo lo conmovía, hacía un gesto con la mano, una especie de movimiento corto, como espantando una mosca, y eso quería decir muchas cosas distintas.

  3. Atardecer en La Paloma, enero del veinticuatro

    Andrés y yo veraneamos en La Paloma desde antes de tener hijos. Alquilamos siempre la misma casa, una de techo de tejas con el patio al fondo, y vamos los primeros quince días de enero. En el dos mil veinticuatro fue mi primer enero como jubilada. Llegamos un sábado a la tarde después de manejar tres horas, descargamos el auto, y yo me senté en el banco del patio mientras Andrés ordenaba la cocina.