
Elena
Elena Ramírez
También conocida como Mamá, Ele, Elenita
Nacida en Salto, hermana mayor de Mirta. Lectora voraz: Marta Brunet, Onetti, la poesía de Idea Vilariño. Tarareaba una vidalita mientras lavaba los platos, la misma toda su vida, nunca pude identificar la canción. Hacía galletas de campo todos los sábados a la mañana, con un vaso de vermut al revés que aplastaba la masa con un «tac, tac, tac» que todavía escucho. Vestido azul el día que conoció a mi padre, en un baile en Salto, septiembre del cincuenta y nueve. Murió de un cáncer de pulmón a los cincuenta y cinco, en el dos mil tres. El cajón de la mesada de mármol, donde guardaba el vaso, lo abrí esa misma tarde, el vaso seguía ahí, intacto, junto a la cuchara de palo. Me lo traje. Hoy las galletas las hace Sofía con el mismo vaso, los sábados, en mi cocina.
- anécdota
Martín apareció un sábado
El veintidós de noviembre del veinticinco, sábado, las once de la mañana, sonó el portero. Yo estaba en la cocina pelando manzanas para una compota, algo que no hacía desde hacía meses pero esa mañana me había agarrado el deseo. Andrés estaba leyendo el diario en el living. Atendí pensando que era el almacenero con un pedido.
hace 2 semanas
- anécdota
El verano sin mamá
Mi madre se murió en marzo del dos mil tres, después de un mes en cama. El verano que vino después fue el primer verano sin ella, y como siempre lo pasamos en La Paloma. Llegamos los cuatro, Andrés, Martín de ocho años, Sofía de cinco, y yo, el último sábado de enero del cuatro. La casa estaba como siempre. Las llaves estaban donde siempre, escondidas detrás de la maceta del aloe. Las sábanas en el armario olían un poco a humedad.
hace 1 mes
- recuerdo
Almuerzo del casamiento, junio del 94
Seis personas en una mesa del Mercado Central. Pastas, vino, sin fiesta, sin protocolo. Carmen brindó por los martes a las once. Tía Mirta brindó por los que no estaban y los que sí. Mi madre brindó por mí y se le quebró la voz. Mi padre levantó la copa, no dijo nada, y tomó un trago largo.
hace 2 meses
- anécdota
Casamiento sin fiesta
Nos casamos un martes a las once de la mañana en el civil del centro. La fecha era el catorce de junio del noventa y cuatro y elegimos martes a propósito, los dos: si no era miércoles laborable era sábado-cumpleaños-de-alguien, y nosotros queríamos un día sin connotaciones.
hace 2 meses
- recuerdo
El campo de los abuelos en Tambores
Tres álamos al fondo, un aljibe en el patio, los ñandúes a veces apareciendo cerca del cerco. La abuela Rosa en la cocina amasando pan. Vendí el campo cuando ella murió en el dos mil ocho. Esta foto la sacó mi padre en algún verano de los ochenta, todavía no sé bien cuál.
hace 2 meses
- anécdota
Las galletas de Sofía
El once de mayo del veinticinco fue Día de la Madre y Sofía nos invitó a almorzar a su casa. Llegamos con Andrés a la una. Joaquín nos abrió la puerta con un delantal puesto, despeinado, con harina en la nariz. "Estamos haciendo galletas", anunció, como si fuera información de Estado.
hace 3 meses
- anécdota
Examen de ingreso al IPA
El día del examen de ingreso al IPA mi padre me llevó. No le pedí que me llevara, lo decidió él, sin anuncio. A las siete y media de la mañana ya estaba con su saco gris y los zapatos lustrados, parado en la cocina, leyendo el diario como cualquier día. Cuando salí del baño me dijo "te llevo" y yo dije "está bien".
hace 5 meses
- anécdota
El cuaderno marmolado
En el liceo Bauzá teníamos que llevar un cuaderno por materia. Tapas marmoladas, hoja rayada, etiqueta en la tapa con el nombre y la materia escritos a mano. Yo era obsesiva con la prolijidad de las etiquetas. Las hacía con regla y lapicera bic cristal azul, las letras en imprenta, perfectas. Carmen, que se sentaba al lado mío, hacía las suyas con birome común y le quedaban torcidas.
hace 6 meses
- anécdota
Primer día en el liceo Bauzá
El liceo Bauzá quedaba a quince cuadras de mi casa y yo iba a pie con el guardapolvo blanco que mi madre había planchado tres veces el domingo a la noche. Tendría doce años, casi trece. La cuadra de la entrada estaba llena de chicas que se conocían entre sí del año anterior y yo no conocía a nadie, eso me parecía la peor parte, peor que las cuentas o que el examen de ingreso. Me senté en el primer banco que encontré libre y abrí el cuaderno marmolado para hacer algo, lo que sea, mientras esperaba.
hace 7 meses
- anécdota
Cincuenta y ocho
El dieciocho de febrero del veinticinco cumplí cincuenta y ocho. Andrés se levantó antes que yo, cosa rara, y cuando salí del baño la cocina ya estaba con olor a café y a tostado. Había puesto un mantel limpio, el de los cuadros amarillos que no usamos hace meses, y arriba dos tazas, el termo, una bandeja con tres medialunas y un sobre.
hace 8 meses
- anécdota
Las galletas de los sábados
Mi madre Elena hacía galletas todos los sábados a la mañana. Galletas de campo, de las que se hinchan en el horno y dejan ese olor a manteca tibia que se queda en la cocina hasta el lunes. Yo tendría seis o siete años y mi tarea era cortar la masa con un vaso al revés. El vaso era de vidrio grueso, de los que en esa época se usaban para tomar vermut, y dejaba un círculo perfecto en la masa. Mi madre se reía cuando yo apretaba demasiado y la masa se salía por los costados.
hace 8 meses